De golpe y porrazo

Mi abuela solía decirme, cuando le preguntaba cuándo era un buen  momento para tomar decisiones de cambio, que los cambios siempre  deben llegar de golpe y porrazo. De lo contrario, si el cambio no es  repentino y resulta gradual, realmente acomodamos el camino o  evolucionamos, decía ella. Para mi abuela, sólo existía el cambio cuando  este se presentaba de manera súbita. Lo demás se le parecía, pero en  realidad era una evolución o corrección del andar cotidiano. 

A partir de mediados de marzo de este año, tal cual, de golpe y porrazo  lo que solíamos hacer, tuvo un cambio drástico. El vertiginoso ritmo en  el que solíamos vivir, se pausó y a decir de algunos, se tomó un soplo la  vida por causa del COVID-19. Un hachazo repentino que para muchos,  ha sido una causal de enormes pérdidas, de lamentabilísimas partidas,  de reacomodos súbitos. A todos, de alguna u otra forma, se nos movió  lo que ordinariamente no solía moverse; se nos acomodaron las  prioridades, cambió la forma de concebir lo importante. Para otros,  aunque rodeados de incertidumbres, se les afianzaron los senderos, ¡vaya paradoja!. 

Solo el tiempo nos permitirá analizar qué efectos tuvo y cuáles de  aquellos, que aparentemente fueron cambios lo fueron y cuáles solo  reacomodos.  

Mientras tanto, es preciso subirnos en la inercia de ese soplo al que me  refería y hacer un hincapié de los retos que enfrentamos en lo personal,  en lo social y en lo económico, al menos. Los retos que se vislumbran en  la neblina son poco claros. Se antojan complejos. Dependiendo del  ánimo de cada quién y de los múltiples factores circunstanciales,  algunos podrán parecer irresolubles o de complejísima solución,  mientras que otros incluso no se ven con claridad y pueden resultar  inimaginables. Lo cierto es que es preciso analizar nuestras fortalezas y nuestras debilidades. Tomarnos el tiempo para acomodar; remediar lo  que es preciso y para desechar lo que no nos sirve y traemos cargando  por una u otra razón, para jerarquizar. 

Para efectos de resultados, en una empresa determinada (desde el más  amplio sentido de la palabra), son muchos los factores que influyen para  alcanzar sus objetivos con éxito: el trabajo y el tesón, la disciplina y la  claridad de objetivos, los valores y dogmas que la fundamentan. Pero  hay otros factores determinantes que no dependen de nosotros como  los comportamientos de agentes externos, el clima, los mercados, e  incluso el ingrediente caprichoso del azar. En lo que nos corresponda,  trabajemos por ello, construyámoslo, fortalezcámoslo. Aprendamos a  sumar y a innovar; atrevámonos a plantearnos las cosas de forma  distinta. Dejémonos llevar sin atisbos por las dudas. Afiancemos donde  hay piso firme. La confianza entre nosotros es el mejor ejemplo. 

Ya sea de golpe y porrazo o gradualmente, estamos en tiempos de  reacomodos. Hagamos que, lo que de nosotros dependa, se encauce de  forma óptima para alcanzar nuestros ideales y no nos paralicemos ante  el temor de la incertidumbre.


Sandro García Rojas Castillo@GarciaRojasSan

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